祖国のために命を捧げる (Sokoku no tame ni inochi o sasageru) "Ofrecer la vida por la patria."
La historia de los kamikaze
Los kamikaze (神風) fueron pilotos japoneses que, durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, realizaban misiones suicidas contra barcos enemigos, principalmente estadounidenses.
La palabra kamikaze significa literalmente "viento divino":
神 (kami) = dios o divino
風 (kaze) = viento

El nombre proviene de un hecho histórico del siglo XIII. Cuando los mongoles de Kublai Khan intentaron invadir Japón, dos tifones destruyeron gran parte de sus flotas. Los japoneses interpretaron esos tifones como un "viento divino" que había protegido al país.
¿Por qué aparecieron los kamikaze?
En 1944 Japón estaba perdiendo la guerra. Tenía cada vez menos aviones, combustible y pilotos experimentados. Entonces se crearon las Unidades Especiales de Ataque (Tokkōtai), cuyos pilotos estrellaban deliberadamente sus aviones cargados de explosivos contra barcos enemigos.

¿Eran todos voluntarios?
Esto sí que es una cuestión compleja.
Oficialmente muchos se ofrecían como voluntarios, pero existía una enorme presión social y militar. En la cultura japonesa de la época, influida por el código samurái (Bushidō), morir por el emperador era considerado un gran honor. Muchos jóvenes sentían que no podían negarse.
Algunos tenían apenas 17 o 18 años.

¿Qué hacían antes de partir?
Muchos escribían cartas de despedida a sus familias. Recibían una banda blanca con el sol naciente. Bebían una copa ceremonial de sake. Se tomaban fotografías con sus compañeros.
Algunas de esas cartas son muy conmovedoras porque muestran que muchos no deseaban morir, pero sentían que era su deber.

Piensen en un piloto kamikaze y la imagen que se le viene a uno a la mente probablemente sea una cara gritando oscurecida por gafas lanzándose a una zambullida mortal.
O tal vez sin rostro alguno y solo un avión de combate chocando contra un buque de guerra.
Probablemente no sea un adolescente llorando en un búnker húmedo y semisubterráneo con las sábanas tapadas hasta la cabeza. sino simplemente muchachos atrapados en una guerra sin sentido, que caló en lo más hondo de la población civil, y estos jóvenes eran civiles, llevados a tal agonía de tener que pensar en morir por la patria, esa era la prsión que ellos sentían.

¿Fueron efectivos?
Hundieron y dañaron numerosos barcos aliados, pero no lograron cambiar el curso de la guerra. Miles de pilotos murieron y Japón finalmente se rindió en 1945.
Un dato que suele sorprender es que muchos kamikaze no eran fanáticos ni buscaban la muerte. En cartas encontradas después de la guerra algunos escribieron que querían:
Volver a ver a sus padres. Casarse. Estudiar. Tener una vida normal.
Por eso, en el Japón actual, los kamikaze suelen ser vistos con una mezcla de respeto por su sacrificio y tristeza por el destino que les tocó vivir.

El piloto kamikaze más joven fue Yasuo Tanaka, de solo 16 años. Voló un Okha, esencialmente una bomba con alas pero sin ruedas lanzada desde un avión nodriza. Murió el 11 de mayo de 1945. Se puede ver su fotografía en el museo Kanoya, en los terrenos de una actual base de las Fuerzas Marítimas de Autodefensa de Japón.
Un funcionario del museo dijo que no tenían la última carta del adolescente, pero las cartas de otros jóvenes kamikazes muestran la valentía de la juventud.
Torao Kato, un segundo teniente de 18 años, escribió en japonés con pinceladas atrevidas: “Querida madre, por favor vive una larga vida llena de vigor. Intentaré destruir uno grande”.
El kamikaze de mayor edad, de 32 años, fue el teniente coronel del ejército Yoshio Itsui, un comandante de unidad que dirigió los primeros vuelos desde la base aérea de Chiran el 1 de abril de 1945.
Itsui dejó a una esposa y tres hijos pequeños, incluido un niño pequeño. Un libro del museo Chiran, “La mente del kamikaze”, incluye la última carta de Itsui al bebé, que se exhibe en el museo.
“Trabaja duro y, por favor, crece y conviértete en un excelente japonés e hijo del Emperador”, escribió Itsui.
Su hijo nunca leería la carta, según el libro. Cuando la esposa del piloto se enteró de su muerte, ya no pudo producir leche para el niño, que murió de desnutrición cuatro meses después.
Estas historias que parecen lejanas o salidas de mangas y animé, son historias dolorosas, sufridas y sentidas que tuvo que pasar el pueblo japonés.

Hagamos un poco de historia. ¿Por qué japón toma el nombre de kamikaze para los pilotos suicidas ?
La palabra kamikaze (神風) nació en el siglo XIII. En 1274 y 1281, el imperio mongol de Kublai Khan intentó invadir Japón con enormes flotas.
La primera invasión causó graves daños, pero los japoneses resistieron. Años después, Kublai Khan reunió una flota aún más grande para una segunda invasión. Cuando los barcos estaban cerca de Japón, un poderoso tifón destruyó gran parte de la armada mongola.

Emperador mongol Kublai Khan
Los japoneses interpretaron aquella tormenta como una intervención divina que había salvado al país. Por eso comenzaron a llamarla:
神風 (kamikaze) = "viento divino".
Durante siglos, el término quedó asociado a la idea de que Japón había sido protegido por los dioses.
Mucho tiempo después, en 1944, cuando Japón estaba perdiendo la guerra, los dirigentes militares recuperaron ese nombre para las unidades de ataque suicida. La idea era que esos pilotos se convertirían en un nuevo "viento divino" capaz de salvar a Japón de la derrota.

De hecho, los propios japoneses de la época solían llamar a esas unidades 特攻隊 (Tokkōtai), que significa "Unidades de Ataque Especial". El término "kamikaze" se hizo mucho más famoso fuera de Japón.
Kamikazes que sobrevivieron.
Hubo varios casos porque no todas las misiones terminaban en un impacto. Algunos regresaban porque no encontraban objetivos, sufrían fallas mecánicas o se cancelaba la misión.
Uno de los supervivientes más conocidos fue Yukio Mishima, aunque técnicamente no llegó a ser kamikaze. En 1944 fue convocado para el servicio militar y deseaba participar en la guerra, pero durante el examen médico tenía fiebre. El médico sospechó tuberculosis y lo declaró no apto para el servicio. Años después se hizo famoso como escritor.

Imagen de Yukio Mishima
Pero si hablamos de un verdadero piloto kamikaze que sobrevivió, la historia más famosa es la de Keiichi Kuwahara. Fue asignado a una misión kamikaze en 1945. Despegó dispuesto a morir, pero el motor de su avión falló y tuvo que regresar. Días después volvió a despegar para otra misión, pero nuevamente problemas mecánicos le impidieron llegar al objetivo. Luego la guerra terminó y sobrevivió. Durante décadas contó que en realidad no quería morir; pensaba en su madre y sentía miedo como cualquier joven de 19 años.
Kuwahara escribió después que muchos pilotos no eran fanáticos ni buscaban la muerte heroica, sino muchachos muy jóvenes atrapados por las circunstancias de la guerra.

Imagen de keichi Kuwahara
Es una historia muy conmovedora porque rompe la imagen romántica del kamikaze. Cuando le preguntaban qué sentía antes de despegar, respondió que lo que más deseaba era seguir viviendo.
Una historia conmovedora
Kaoru Hasegawa, fue una de las historias más increíbles de los kamikaze.
En mayo de 1945, durante la batalla de Batalla de Okinawa, Hasegawa lideraba una formación de aviones japoneses en una misión de ataque especial contra la flota estadounidense. Su avión fue alcanzado por el fuego antiaéreo antes de llegar al blanco. Cayó al mar gravemente herido.
Lo extraordinario fue lo que pasó después: marineros estadounidenses del destructor USS Callaghan lo rescataron del agua, le dieron atención médica y lo tomaron prisionero en lugar de dejarlo morir.
Para un piloto japonés de la época, ser capturado era algo impensable. Muchos habían sido educados para creer que era preferible morir antes que caer prisionero. Sin embargo, Hasegawa sobrevivió a la guerra.
Lo más emotivo ocurrió cincuenta años después. Hasegawa viajó a Estados Unidos y se reunió con algunos de los marineros que lo habían derribado y luego salvado. Se abrazaron, intercambiaron recuerdos y hablaron de aquel día.

imagen de Hazegawa
Otra historia conmovedora fue la de Kanji Suzuki (鈴木 寛治) fue un piloto kamikaze japonés que sobrevivió a la guerra y dejó uno de los testimonios más famosos sobre lo que sentían realmente esos jóvenes pilotos.
Tenía apenas 18 años cuando se ofreció para las misiones de ataque especial (tokkō). Estaba destinado en una base aérea de Kyūshū durante la campaña de Okinawa en 1945.
Lo que hace tan importante su historia es que escribió sobre sus sentimientos antes de una misión en la que esperaba morir. Contó que al principio se había ofrecido voluntario con entusiasmo patriótico, pero a medida que se acercaba la fecha empezó a sentir miedo, ansiedad y tristeza. Pensaba en su familia y en todo lo que nunca llegaría a vivir.
Durante una de sus misiones su avión fue derribado o quedó fuera de combate antes de alcanzar el objetivo. Sobrevivió y terminó la guerra con vida, algo muy poco común entre los kamikaze.
Años después dijo algo que impactó a muchos historiadores: que la mayoría de esos jóvenes no eran fanáticos que deseaban morir, sino muchachos que estaban atrapados por las circunstancias de la guerra y por una enorme presión social y militar.

Suzuki participó en un documental de Netflix sobre la segunda guerra mundial.
